RESEñAS:
Antología de poetas sudamericanas en USA
Edición crítica a cargo de Zulema Moret
Madrid, 2004, Editorial Torremozas.
Hace cuatro años, después de un viaje a Nueva York en el que conocí a varias
poetas latinoamericanas, confirmé una vez más que no toda la poesía que me
llega por canales oficiales representa exactamente lo que hay, ni tan
siquiera si se trata de poetas que hablamos la misma lengua y sentimos unas
preocupaciones más o menos parecidas en torno al acto de escribir. Algunas,
como Lila Zemborain, María Negroni y Mariela Dreyfus, además de ofrecerme su
amistad me dieron a conocer obras de otras poetas que vivían, como ellas, en
Nueva York y se dedicaban también a la enseñanza en distintas universidades.
Fue cuando empecé a interesarme por descubrir más nombres, más obras. Ello
dio como resultado un artículo y una selección de poemas de seis poetas
"neoyorkinas" publicado en la revista Salina de la Universitat Rovira i
Virgili, gracias al interés de su directora la también poeta Sara Pujol.
El libro que hoy reseño Mujeres mirando al Sur, de la profesora y escritora
Zulema Moret, viene a añadir más información y sobre todo, a dejar
constancia de una realidad tan grata como interesante. La poesía escrita por
mujeres todavía debe dejar constancia de su diferencia, no de calidad, por
supuesto, sino de su condición de inferioridad cuando debe hacerse visible.
La selección que ha hecho Zulema Moret se ocupa de poetas que viven en
distintos lugares de Norteamérica, un total de diecisiete poetas con una
obra lo suficientemente consolidada como para empezar a tenerlas en cuenta.
Quizás no abarquen todos los países de Sudamérica. La propia Zulema explica
que no fue posible a pesar de que lo intentó. Hay cinco argentinas: Gladys
Ilarregui, María Negroni, Alicia Partnoy, Lila Zemborain y la propia Zulema
Moret; cinco chilenas: Margorie Agostin, Carmen Aravena, Liliane Brintrup,
Emma Sepúlveda, y Cecilia Vicuña; tres peruanas: Mariela Dreyfus, Victoria
Guerrero y Rocío Silva Santisteban; dos colombianas: Consuelo Hernández, y
Antonieta Villamil; una venezolana, María Auxiliadora Alvarez y una
ecuatoriana: Ivón Gordon.
¿Cuál es el mapa que ha dibujado Zulema Moret? Apoyándose en el concepto de
Nación de Benedict Anderson, que desarrolla la idea de que las naciones no
son sólo entidades políticas soberanas sino también comunidades imaginarias.
La autora parte de la perspectiva de diáspora o exilio, ya que detrás de
este proyecto convertido en antología se esconde tal vez inconscientemente
la hipótesis de cómo es o sería esa "comunidad poética imaginaria" de
mujeres que dispersas (siendo ésta su condición fundamental) enuncian sus
particularidades en un inmenso país, los Estados Unidos, y en otra lengua.
Perfectamente definida su intención, las voces que nos presenta tienen en
común sobre todo que escriben en una lengua que está en fricción con otra.
Aunque resulta interesante el planteamiento de que en algunas ocasiones,
estas mujeres que viajan por diversos motivos, echan raíces, en otras no,
provocando así que lo "latinoamericano ande suelto, vaya a la deriva en
rutas dispersas".
La impermanencia, desde el punto de vista geográfico, sería otro rasgo común
a todas las poetas seleccionadas, lo cual provoca que discurso poético acabe
siendo otro al que estamos acostumbrados, en un país donde la gente no solo
echa raíces sino que se queda clavada en ellas como tabla de salvación. Por
ejemplo se observa como rasgo común una mirada fragmentada que ahonda en el
cuerpo, y que como dice Zulema Moret, estos cuerpos son signos que remiten
al país, a la sociedad. La autora entrevista a las poetas y nos demuestra
que son signos polisémicos: cuerpos políticos (A. Partnoy, Margorie Agostin,
Emma Sepúlveda), cuerpos eróticos (Mariela Dreyfus, Rocío Silva), cuerpos en
peregrinaje (Gladis Ilarregui, Consuelo Hernández...)
El fenómeno lingüístico en todo su proceso: creación, recepción. edición,
convive con el otro y no se ahoga, aunque sigan estando en inferioridad de
condiciones. Como dice la ecuatoriana Ivón Gordon, "escribir poesía en
español en los Estados Unidos ya en sí es cruzar fronteras, salir a flote en
el lenguaje de la madre, en el lenguaje del amor", y sin duda este es el
lado maternal de la lengua, pero ojo, maternal, no femenino, ni feminista.
Lo maternal es una categoría por sí sola., así lo demuestra muy bien en un
poema María Auxiliadora Alvarez desplegando además otras cuestiones: "Usted
nunca ha parido/ no conoce/ el filo de los machetes/ no ha sentido/ las
culebras del río/ nunca ha bailado/ en un charco de sangre querida.../ Por
supuesto no todas las poetas hablan desde ese lugar. Y aunque tengan en
común ser latinoamericanas, no tienen en común ni genealogía, ni militancia,
ni condición sexual, ni clase social, es decir en común solo tienen quizás
que son poetas y mujeres. Algunas conscientes de serlo como Victoria
Guerrero: "Cuando recién comencé a escribir, pensaba que estar dentro de lo
"femenino" era bastante peligroso, me autocensuraba, pero ahora creo que es
una opción política importante y una forma de descubrir las potencialidades
de nuestra experiencia corporal". Otras, como Margorie Agostin niegan o al
menos cuestionan la tradición: "Si me preguntaran por la mujer, negaría el
"Walking Around" de Neruda y diría que sucede que amo ser mujer". Antonieta
Villamil dice. "Ante una situación de inexistencia tan precaria, nuestras
letras y nuestra voz conllevan en esencia el poder de darse a luz en lo
innombrable y lo indecible para lograr un asomo de existencia". Otras poetas
constatan otro tipo de preocupaciones como Gladys Ilarregui que cada vez que
trabaja en una serie de poemas se pregunta por el espacio, sobre dónde se
apoya y qué lugares lleva a la página. Lila Zemborain se preocupa más por
los aspectos pictóricos del poema, del lenguaje, es una de las voces más
interesantes junto con María Negroni, que "no encuentra regazo donde fijar
su respiración". La obra de Negroni es de las pocas que conocemos en nuestro
país.
La noción de identidad (mujer, poeta, madre...) junto a la de frontera, o
lengua marcan la selección de estos poemas, que podría haber sido otra. Yo
creo que el libro cumple su cometido: abrir un espacio nuevo en la poesía en
nuestro país, un espacio que llega de ese sur definido por Zulema Moret de
una manera contundente y poética: "¿Qué es el sur en la memoria del tiempo
vivido, en los caminos atravesados para salvar la vida, en la noción de
otredad desde la lengua que se hereda? ¿Qué es el sur sino esa débil noción
de patria que se extiende a lo largo de paisajes, cordilleras, lugares
insospechados...? Y desde luego, como dice Rocío Silva, el objetivo de la
poesía es lanzar dagas a los lectores y atravesarlos con flechas de fuego.
Por eso ella misma se acerca más a los lenguajes expresionistas y disiente
de los estetizantes: la poesía debe perturbar y no agradar. De eso se trata,
desde luego. Zulema Moret nos promete otra antología de poetas sudamericanas
que viven y han desarrollado la mayor parte de su obra en España. Ojalá no
se demore mucho. Concha García
daniel najmías
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